Sala Kitty Purry 7.4.8: cambios importantes.

(ง •̀ω•́)ง✧ SEGUNDA PARTE 

Solventado el tema de las vibraciones de la vajilla y estando acostumbrados a ese muro de madera (el armario vitrina), veíamos la parte trasera muy peladita, demasiado despejado: el proyector solito acompañado por los Polk… como que falta algo… no sé. En Ikea venden unos muebles muy apañados para poner vinilos, además no son muy grandes… venga ponemos dos, una a cada lado. Precioso. Además, con la pantalla bajada tapando la mayor parte del mastodóntico mueble de comedor, hasta parecía una sala modernilla… si es que nos está quedando de lujo.


Mis subs: amor a primer terremoto; el sonido “cine” verdadero, la contundencia en estado puro… cuántas veces me he sentado en uno de esos sillones pensando “joer, qué dinero más bien invertido”; sin embargo, trajeron bastantes quebraderos de cabeza: la sala Kitty Purry ronroneaba demasiado fuerte, vibraciones a porrillo. Una vez que la vajilla dejó de cantar, apareció el coro de fondo: las ventanas.
Mi casa, una obra de la arquitectura moderna donde el carpintero se compró un Mercedes clase S liándose a poner ventanas. Una habitación de escasos 20m con cuatro ventanas y tres de ellas en la misma pared con una separación entre los marcos de escasos tres dedos… literal. De ahí que toda la parte trasera de mi sala sea un mar de cortinas. No podía ser una ventana grande o dos en los extremos; tenían que ser tres, seis hojas de madera (por los años no encajaban correctamente) con sus respectivos cristales del grosor del papel de fumar vibrando al unísono al son de los Klipsch. ¿Qué hicimos? Se nos ocurrió ir al chino más cercano y comprar cojines, debían ser mulliditos, uno para cada hoja, si total... las ventanas podrían vivir perfectamente con las persianas bajadas. Además, con las cortinas no se verán los cojines hacinados contra el cristal. Ahora sí, todo perfecto, pues no había vibraciones.

Entonces, tras un comentario de mi madre “habéis estado viendo una peli, eh”, ¿cómo? “pues que se oía desde el principio de la calle”… Puede que exagerase con la distancia de escucha pero sí, en ese momento nos dimos cuenta de algo que debido a la euforia de ser propietaria de un cuasicine no había pensado nunca. Y es que los vecinos habían estado ¿disfrutando? de mi magnífico equipo ¡¡sin pagar entrada!!
Ese comentario desató lo que supuso el segundo cambio más importante de la, por entonces, sala-comedor. Teníamos que saber cuánta verdad/porcentaje de exageración escondían aquellas palabras… Lo recuerdo perfectamente: película V de Vendetta, probando a distinto volumen y daba igual, los diálogos sonaban cristalinos en el exterior de la calle. Si es que sólo faltaba subir una persiana para convertirlo en un cine de verano <(' .' )>. Estaba claro, había que solucionarlo y mientras tanto dejamos de ver pelis a partir de cierta hora: "uh, está oscurillo. Lo dejamos para mañana".
Nos íbamos a dejar de tonterías, tenía que ser un trabajo fino… de esos súper pro, ¿pero qué podíamos hacer? Bueno, ahí estábamos en Google buscando soluciones: que si la densidad de los materiales, que si la esponja no sirve para nada, que a mayor densidad mayor insonorización, que las cajas de las persianas son un gran problema… Empapada de tanta sabiduría y con la cabeza como un bombo tras varios días rumiándolo todo: allí estábamos, en una nave cargando en el maletero cuatro planchas de DM de 3,5cm de grosor con la medida exacta del marco interior de cada ventana (menos 1cm), ocho planchas de DM de 1,5cm con la medida exacta de cada cristal, planchas de goma-espuma, mucho burlete de goma y cinta aislante de la buena de esa “americana” y alcayatas, una cantidad desproporcionada de alcayatas.
Los vecinos pensarían que nos habíamos vuelto unos preparacionistas o que esperábamos un apocalipsis zombi mientras descargábamos todo el material. Sobra comentar que sabíamos que lo que íbamos a hacer era mejor orquestarlo con nocturnidad y alevosía, lejos de las curiosas miradas de los vecinos. Sí, sé lo que estáis pensando en este preciso momento, “¿por qué?” Porque debido a las particularidades de mis ventanas la parte más pesada del proceso debía realizarse desde el exterior. Paso a relatar detalladamente la elaboración del sándwich: a cada plancha de DM le pegamos una capa de esponja en ambas caras y la canteamos con burletes de goma rematándolos con cinta aislante. Todo listo para comenzar, así que sobre las 3 o 4 de la mañana salimos con nuestras escaleras intentando hacer el menor ruido posible. Cómo pesaban las condenadas planchas y lo que costó meterlas entre las rejas y más aún encajarlas en los marcos; luego no bajaban las persianas… ͼ(ݓ_ݓ)ͽ Una vez completado el trabajo exterior, tocaba el interior: para eso queríamos las alcayatas, para fijar las planchas a los cristales. Y ya que estábamos, hicimos lo mismo con los cristales de la puerta.


De nuevo, como veis, todo muy pro y fino. No tengo fotos, por razones obvias, del sándwich que hay dentro y me habría gustado mostrarlo.
Al día siguiente, sonómetro en mano y a altas horas de la madrugada… resultado más que convincente. Ahora sí, tocaba disfrutar de nuestra obra. Además, habíamos ganado en presión sonora… qué más podíamos pedir. A darle al pote!!! 

MÁS TARDE...

Un día cualquiera del 2015: “oye, ¿no sería genial quitarle al mueble la parte de arriba y quedarnos con una especie de barrita toda chula? Podríamos poner la palomitera y demás cacharros”. “Total si ni usamos el mueble ni la cristalería…” No me lo digas dos veces; tarde… ya está hecho. El gigante había caído (parcialmente), conseguimos desmontar las tres vitrinas que pasaron a ser almacenaje en mi cochera. Al final, todos salíamos ganando. Increíble pero cierto, detrás del mueble había una pared de color blanco!!!!


Pusimos una tabla de madera que iba desde cada Klipsch pasando por debajo del central (pintada de negro), le hicimos una base de madera a los pies del central para elevarlo más y le metimos patitas de goma para direccionarlo un poco (sí, habría sido más rápido y “pro” comprar directamente unos pies más altos pero son bastante caros). En el suelo pegamos vinilo negro/papel tipo pegatina para oscurecer la parte frontal.


Y cuando pensaba que la cosa no podía mejorar más llegó a mi vida el 3D gracias a su descubrimiento en mi Sony 55W905. Así pues, tras siete años de uso decidimos cambiar de proyector; teníamos que ver el 3D a lo grande. Como no disponíamos de mucho presupuesto y nos gustaba la marca Sony, pillamos en oferta y pagándolo a plazos el Sony HW55. Además, nos regalaron una Play 4 que a su vez Papá Noel se la regaló a mi sobri… si es que ese proyector y yo estábamos destinados. Ahora todo tenía sentido y parecía una auténtica sala. Solo nos faltaba seguir disfrutando a tope el equipo; ciclos de terror en Halloween con su decoración y pósteres a juego; de animación, acción, etc… Los pósteres los vamos cambiando, aunque sólo los más grandes como se ve y se verán en las imágenes.

Como todo era perfecto y no podíamos estar más orgullosos, de capricho nos pillamos un busto de Batman... por lo bien que lo hemos hecho, ea. El busto lo compramos en una tienda famosilla de Internet y lo fuimos pagando poco a poco; una vez que se completó el pago, nos enviaron el busto. Ese comedor parecía un museo de cera: quien entraba no se iba sin hacerse una foto con él… sin tocar, eh. Ya solo faltaban detallitos: un cuadro por aquí, la palomitera por allí, lucecitas por ahí y demás frikadas que se nos iban ocurriendo o que “copiaba” de otras salas de Internet.



Aquí se puede ver cómo nos quedaron las puertas poniéndoles los paneles de DM. Desde fuera se siguen viendo los cristales, ya que los dejamos pensando que servirían para “insonorizar” más. En fin... aunque la puerta no encaja bien... ͼ(ݓ_ݓ)ͽ



En 2016 pusimos a la venta el Onkyo 818 y decidimos entrar en una nueva dimensión por la puerta grande: Denon X7200H y dos parejas de Polkaudio OWM3 para darle la bienvenida al Atmos (pagándolo todo a plazos). Asimismo, pillamos un amplificador integrado Pioneer A-30K porque al Denon sólo se le podían enchufar nueve altavoces. Sonido en el techo, no pueden inventar nada más; ya sí que sí estaba todo listo y no podíamos pedir más. La sala sonaba y lucía de lujo, había dado un cambio brutal en estos años.


En cuanto al Denon, nuestro primer receptor tope de gama. La verdad es que lo compramos con cierto escepticismo, ya que lo que conocíamos hasta ese momento era Onkyo. Nuestra primera intención fue comprar otro Onkyo pero resultó que, al menos ese año, no había uno “gordo” que llevara Audyssey XT32 y Dynamic EQ. Ah, y qué me decís este busto de un T-800… ¡¡La parte trasera ha quedado de infarto!!



Asimismo, quitamos el sofá largo y en su lugar pusimos una estantería Kallax; se podía pasar por ambos lados a la parte trasera de la sala y teníamos más sitio para rellenar!! 


La semana que viene, la última parte.

ヾ(^-^)ノ

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